A n t ó n   P r i e t o

Vivimos en la guerra más intensa de la era contemporánea. Antes de nada. Guerra, con permiso de los más mayores, de quien sufrió la represión fascista de los años 30. Con permiso y con toda la enorme sensibilidad que merece este capítulo tan especial de nuestra historia. Por eso vamos a empezar con una enorme recomendación: “Todo canto fomos”, una novela imprescindible para recrear la Pontevedra de los años previos al levantamiento de Franco contra la república democrática en la que se mascan los dos momentos de contraste de los duros años 30: la felicidad previa y la brutalidad posterior.

Un relato lleno de tristeza, de momentos terribles, de historias terribles, de amores terribles, de parentescos terribles, de días terribles. Porque terrible fue todo lo que tuvo que ver con la guerra y recordarlo en cada momento es una necesidad colectiva. Su autor, Xosé Monteagudo, pontevedrés de Moraña, hace un magnífico relato de la crueldad, que es uno más de los cientos de testimonios de aquel tiempo, que vía documental o creativa, nos hablaron de la guerra y la represión.

Por eso hoy, a pesar de utilizar la misma palabra, tenemos que marcar distancias con aquel episodio en el que las armas, el fuego a muerte, vencieron a la dignidad y a los derechos civiles. Por respeto, por proporción y por justicia.

 

Sánchez, implacable

Por tanto, guerra, pero menos. Un día de estos quizá toque hablar del papel, de la iconografía, que generan policías y militares en la televisada sala de prensa de Moncloa. Pero hoy vamos a fijarnos en la estrategia informativa que el bipartito está utilizando durante la crisis. Un mecanismo diseñado para emitir las noticias oficiales en directo, con varios servicios diarios a través de ruedas de prensa frecuentes, a tres niveles: el presidente del Gobierno en la cumbre para las ocasiones especiales; algunos ministros sean o no del cuarteto operativo de la crisis (sanidad, infraestructuras, defensa e interior), y un tercer nivel compuesto por personal de corte técnico, en el que además de los responsables de Policía, Guardia Civil, el Ejército y la red de movilidad, comparece quien se está convirtiendo en el líder natural de esta situación de crisis: el doctor Fernando Simón.

Un improvisado sistema informativo liderado por un presidente con extraordinaria capacidad de convicción y fiabilidad. Tranquilos todos; estamos con vosotros; ánimo, resistamos juntos, todo pasará. Un presidente que maneja, con su serena frialdad, todo cuanto revuelo tratan de organizarle Ayuso, Casado, o Hernando, expresando lo que saben en política: patalear, despreciar e incendiar. Estiércol que Sánchez simplemente ignora. Acaso algún redoble de tambor contra Torra estratégicamente pronunciado por la ministra Robles, casi más dirigido a sus subordinados que al público general.

La templanza y la contundencia presidencial del pasado sábado, continuada ayer tras la conferencia con los presidentes, muestra un hombre abnegado, obsesionado por vencer las famosas curvas del bicho y por organizar la logística y la operativa de un país que atraviesa el momento más difícil de su existencia tras la guerra. Sánchez se dirige con maestría, con pasión y con rigor a la ciudadanía de un estado amedrentado, herido, necesitado de esperanza. Él sabe que representa la luz que las personas necesitan ver. Porque estamos poniendo la prueba no sólo la calidad de nuestro sistema de salud, maltratado por los recortes y la lógica de la eficacia capitalista, sino también nuestra propia capacidad de sobreponernos a la mayor sima económica de nuestra historia en la que todos los recursos —también los beneficios que figuran en los balances de los grandes emporios— serán necesarios para el reequilibrio y la justicia social.

 

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 23 DE MARZO DE 2020, NOVENO DÍA DE CONFINAMIENTO