A N T Ó N   P R I E T O

O e-comercio avanza o que non está escrito. Estas plataformas e resto dos grandes distribuidores medran en vendas a distancia mentres o microcomercio ve como se lle escapa boa parte da súa cota de mercado. Parece lóxico que unha das medidas fiscais que se apliquen en breve fose redistribuir os beneficios das empresas online entre o resto dos comerciantes que cada día estaban ahí, ao pé de cada rúa, en cada praza, en cada cidade, en cada esquina. A intelixencia fiscal e a capacidade reequilibradora do estado debería notarse tamén aquí. 

Varios interrogantes sobre isto: Terá o estado —Galiza seguro que non— mecanismos para lograr un incremento das cargas impositivas ao comercio electrónico en detrimento da presión fiscal aos pequenos comercios? Haberá posibilidades legais, vellas ou novas, estándares ou efémeras, para incidir nese proceso de aniquilamento da estrutura comercial? Supoño que non, porque viña sendo difícil meter man ás tecnolóxicas por mor das ameazas comerciais dos Estados Unidos, o país matriz desas empresas.

O comercio, como sector competitivo no mundo liberal, fai o que todas as empresas: eliminar gastos de persoal e para iso utilizan todo o que teñen á man. Conserveiras que venden como galego o peixe das súas latas embalado no Perú, autoestradas que nos cobran por telepeaxe, bancos que reduciron drásticamente o persoal, toallas francesas que se lavan en Túnez, laranxas que proceden de Israel, amén de toda a manufactura fabricada en Asia, roupa incluída, que se vende por baixo dun prezo razoable. É a tómbola da modernidade, da ausencia do Estado, da desaparición da política. Estamos convivindo coa nosa derrota.

No caso do comercio, ahí o temos. De 30 anos a esta parte en distintas andanadas, os puntos de venta centralizáronse naqueles continentes, alcampos, carrefurres, eroskis. Máis adiante en contentores doutro tipo de vendas —téxtil, fogar, etc— mesturados co ocio, maiormente cinema e restauración, algo que xa é o summun do consumismo feroz. Foi o declive de moitas cidades, se ben Pontevedra soubo máis ou menos conter esa hemorraxia. Hoxe flipamos coa venda a domicilio, que enche de furgonetas e camións as nosas rúas e de paso sáltase as relacións comerciais tradicionais nun terrible bypass que deixa milleiros de empresas e empregos polo camiño. 

Vímolo vir como unha evolución normal e así o seguiremos vendo, porque a capacidade da política para intervir nestas situacións é limitadísima. Non hai máis que ver estes días as dificultades legais que ten o Goberno para controlar o prezo das mascariñas. Como para aspirar a que todos eses mercaderes de novo cuño compensen por vía impositiva o dano que fan, os perxuizos que causan á nosa estabilidade económica.

Que nacerá de aquí? Hai quen sostén, con moito optimismo, que estamos ingresando nunha nova maneira de xestionar as pequenas empresas comerciais. Pode ser. Seguro que ten que ser, porque xa quizá nada volverá ao seu. Haberá que estudiar que facer con eses milleiros de persoas sen vocación empresarial, cunha preparación aceptable convertidos en espectadores dunha economía que lles sorprende en metade da escaleira sen saber se subir ou baixar… e sen chascarrillos de madriles, please.

Apocalipse Z

E falando de sectores que van reconvertíndose, recomendamos moi afervoadamente unha novela de zombies de enorme éxito internacional. Apocalipse Z, de Manel Loureiro. Confeso que non é unha recomendación persoal, porque eu non consumo ese xénero de tanta devoción na actualidade, pero a miña parella devorouna e con altísimo grado de satisfacción. Poden maridar a leitura coa audición do Sabat Mater de Pergolesi, unha delicadísima peza da época barroca, moi apropiada para esta semana santa de tanto recollemento. Todo moi trascendente.

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA O 9 DE ABRIL DE 2020, DÉCIMO CUARTO DÍA DE CONFINAMENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Que Abascal podría ser, con su iconografía machirula, un personaje de la propaganda nazi, nadie lo pone en entredicho. Aunque estén prohibidos, en Alemania existen círculos que mantienen viva esa llama de voluptuosidad hormonal, nazis actualizados que producen mucho horror. Se lo aseguro. Hace unos años conocí un precioso ejemplar de la categoría de los grizzly (osos pardos), en un club gay berlinés. El hombre respondía a los más definidas cánones de la masculinidad, combinada con una magnífica predisposición para el sexo anal, algo en absoluto contradictorio.

Después de aquella noche tórrida, compartimos un café en mitad de la tarde. Él llegaba de una exposición sobre arquitectura alemana de los años 30 y traía un catálogo que me sorprendió: era sobre una especie de enorme monasterio que Hitler había mandado construir para entrenar jóvenes en el cultivo del cuerpo y mejorar la raza aria. Y el chaval, cuarentón homologable, estaba entusiasmado por aquella épica grandiosa y espectacular del gigantismo arquitectónico en mitad de frondosos bosques bávaros. Deberíamos recuperar las cosas buenas del pasado, decía… en mi cutre inglés iba entendiendo el mensaje al tiempo que decidía algo importante: nunca más mis labios se rozarían con los de aquel tipo peligroso, por muy atractivo que fuese. Hay líneas rojas que no pueden cruzarse.

Siempre que observo la estética contemporánea y poderosa del líder de Vox recuerdo aquel grizzly al que le follaba el culo en la oscuridad, bajo música techno y rodeados de cientos de tipos que hacían lo mismo que nosotros, incluido mi marido. Era un nazi de nuestro tiempo. Viven entre nosotros, utilizan la iconografía con pérfida inteligencia. Son capaces de romper las ideas previas que tenemos sobre los viejos falangistas. Quieren gustar a la gente de hoy y lo hacen con arrogancia. Si Vox fuese un producto de mercado, no podía tener mejor packaging que Abascal, pese a su lata de pimiento o a la ferviente idolatría cristiana, detalles fuera de catálogo.

La terrible imagen de la Gran Vía llena de ataúdes es un icono actual del odio y el rencor. Para eso robaron una foto maravillosa de la ciudad desierta y compusieron un poema desgarrado, cruel y mentiroso. Dicen que estamos en guerra, pues toma guerra, juguemos fuerte y aprovechemos la libertad de expresión para descerrojar una bomba miserable sobre los lomos de ciudadanos heridos y asustados. Leni Riefenstahl, la mítica directora que elevó el nazismo el arte cinematográfico se lo dejó bien claro con su enorme farsa: “para que esto fuese comprensible sin texto, el lenguaje visual tenía que ser muy bueno, muy claro. Las imágenes debían decir más de lo que se hablaba, pero no por eso es propaganda”.

¿No podemos defendernos de esta apestosa e irrespetuosa propaganda? ¿Cómo combatir esa enorme amenaza contra la dignidad? Los hijos de Goebbels seguirán construyendo a su líder como Cid Campeador, seguirán llenando de inmundicia las redes, componiendo iconografías tan efectistas como los carteles nazis. Esperemos que continúen sin tocar Galicia, y sobre todo que no consigan hacer de nosotros la luna de Lole y Manuel… esa “que se aleja impotente del campo de batalla”. Urgen líneas rojas por parte de todos. De todos. Quien haga washing con Vox como el PP y C’s serán también una amenaza pública.

Lili Marleen

Para apartarnos de tanta porquería mental escuchemos un clásico. Lili Marleen. Una canción que triunfó entre los soldados de los dos bandos de la segunda guerra y que más tarde fue prohibida por los nazis. Pueden escuchar la original de Lale Andersen, o la más vigorosa de Marlene Dietrich, aquel ángel azul maravilloso. Pero les recomiendo una versión muy decadente y brutal. La de la actriz y cantante alemana Hanna Schygulla, una enorme diva de los 80, musa de Fassbinder. Verán qué maravilla.

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 8 DE ABRIL DE 2020, VIGÉSIMO CUARTO D͍A DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Me resistía a hablar de política local durante estos arrebatos de enclaustramiento, pero hoy, tras leer la entrevista que Serafín Alonso mantuvo con el alcalde Lores, no puedo dejar de echar un vistazo a Michelena, 30, esa casa que —permítanme la confesión— fue durante 15 años el lugar en el trabajé hasta 2019.

Si la ciudad está funcionando como un reloj, es mérito de la mayoría de la población, pero también de un gobierno local que desde el minuto uno se puso al frente de una situación difícil, en silencio, con espíritu abierto y constructivo, pese a que desde Madrid limitaron súbitamente sus competencias. Alguien piensa que en Pontevedra, si se mantuviese la responsabilidad municipal íntegra en el ámbito de la seguridad algo iría mal? Sin dudar, todo discurriría igual o mejor, porque dirigentes y funcionarios públicos son un ejemplo de responsabilidad, entrega y eficacia.

Puede que se hubiesen cometido algunos errores, como cualquiera en esta horrible situación. ¿Quién no lo hizo? Pero tanto la dirección operativa de los servicios, como las áreas más sensibles de bienestar social, seguridad, atención a la violencia de género, prevención de la delincuencia, cooperación con la pobreza extrema y sin techo, familias necesitadas, los aspectos más críticos y urgentes del momento, están funcionando como cabría esperar capitaneados por un gobierno maduro, sólido y de absoluta garantía.

Pero no solo eso. Se pusieron a toda máquina para pagar a proveedores, sabiendo que el Ayuntamiento tiene una fuerte influencia en la economía local. Los que proyectan obras tienen preparado inversiones millonarias para reactivar la normalidad a través de la renovación, mejora o mantenimiento de calles, plazas, parques, jardines o espacios naturales en todo el municipio. Será, como dijo el alcalde, si desde Madrid no les confiscan los ahorros municipales con los que Pontevedra cuenta y que hasta el momento no podían invertir porque se lo impedía una norma dictada por Montoro cuando la crisis anterior.

Seguro que los responsables de cultura, fiestas, deportes, juventud, etc. están planeando inversiones en estéreo para contribuir a que ese sector de los servicios se revitalice contribuyendo a la animación y al jolgorio colectivo, porque la fiesta y el ocio son además economía de primera.

Y además de estos sectores, una re-conexión necesaria. El reencuentro entre la ciudad y su comercio, al que el virus pilló en plena reconversión. Un sector tocado de muerte por la centralización comercial, por la radical modificación de unas relaciones que se venían tejiendo durante décadas y están desapareciendo. La venta electrónica rompe con los intermediarios, los comerciantes, cuestionando la viabilidad de muchas empresas. No es una responsabilidad municipal, pero seguro que el bipartito local estará al quite, motivando a vecinas y vecinos para comprar en los comercios de siempre. Y por supuesto, comer, cenar y terracear en nuestros rincones favoritos.

Como periodista, me resulta algo difícil valorar el papel de un equipo con el que trabajé durante tanto tiempo. Olvido con cariñosa condescendencia los momentos más áridos para proclamarme pontevedrés de importación. Me sumo a la gran marea de personas satisfechas por estar dirigidos con tanto acierto. Y, sobre todo, por una frase del alcalde en esta entrevista: “voy a morder la lengua” sobre las críticas al actual momento. Y otra: “Sólo pido prudencia, sensatez y responsabilidad”. Ave Lores.

Los árboles de la ciudad

Si algún lugar resulta para nosotros fascinante e inspirador en esta ciudad son los parques y los jardines. Allí están los protagonistas de nuestra recomendación: los árboles de Pontevedra. Pueden buscarlas en la galería de la web municipal, junto a otras publicaciones. Es un libro de más de 300 páginas que recorre la geografía vegetal de Pontevedra de la mano de Xaime Blanco y Amancio Castro, que despliegan todo su saber sobre especies, localizaciones y otros detalles interesantes.

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 6 DE ABRIL DE 2020, VIGÉSIMO SEGUNDO D͍A DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Estamos enterrando a toda leña a miembros de una generación legendaria. Personas que nacieron entre los años 20 y los 40 del pasado siglo. Personas que en muchos casos vinieron al mundo poco antes de soportar la sima cruel e intelectual de la guerra. Otras que sufrieron una primera infancia con la estrechez de la posguerra en un país rural y entumecido por la escasez, el frío y la ausencia de horizontes. 

Las cifras que asolan los telediarios llevan por delante la piel arrugada de personas que estaban viviendo una situación algo mejor de la que vivieron sus padres. Muchos de ellos emigrantes, muchos marineros, casi siempre además labradores de arado romano, con el esfuerzo supremo de expresar con su sudor el soporte de su familia. 

Personas con unos altísimos niveles de orfandad, pues esa época era relativamente frecuente que padres y madres muriesen poco después de la edad fértil. Muchas de las personas que enterramos vinieron a las ciudades en la búsqueda de sustento cuando se fue desarrollando esa tímida industrialización de los 60 y los 70, en tiempos del primer babyboom. Fueron capaces de  reinventarse con cuatro céntimos en el bolsillo. 

Especialmente Vigo y A Coruña, pero también el resto de las ciudades, acogieron a hombres y mujeres que abandonaban las parroquias del país para entregar sus vidas a nuevas esclavitudes: un bar, un empleo justito, casas para limpiar, una cartilla de embarque, una tienda de comestibles, en el mejor de los casos un puesto de funcionario, y por qué no, algunos negocios que fueron dando frutos gracias a la economía especulativa, convirtiendo nuestras villas en  adefesios urbanísticos de los que algunos se enriquecieron.

Esos que supieron retroalimentarse con unos poder públicos incultos, liberales en lo económico, fascistas, militarizados hasta las trancas y exentos de toda sensibilidad civilizadora. Gentes que en el mejor de los casos no tenían más que un certificado de escolaridad que significaba leer, escribir, las 4 reglas, firmar y poco más. Y eso según las zonas, muchas veces por empeño de las comunidades gallegas en América. También los que quedaron en las parroquias, en los Ayuntamientos de la costa o del interior y desde allá también educaron a sus hijos, que en los 80 invadieron las universidades. Gentes que hicieron de gran sostén de sus nietos hasta ahora, día en que las tinieblas llenasen sus vidas.

Muchas y muchos que regresaron de Suiza, Alemania o Inglaterra después de su vida laboral y vinieron a jubilarse a la patria. Hoy los aplausos, todos los homenajes, son por ellos, principales víctimas de esta mierda.

Personas que iban arreglándose con la escasa pensión no contributiva o la estrecha jubilación de los autónomos, en algún caso apoyado por la renta de un piso o un local que habían podido adquirir en las mejores épocas hipotecarias. Personas que hoy viven solas o en residencias explotadas por fondos de inversión, porque el estilo actual de vida no combina bien con la tradición de la convivencia intergeneracional, lo que añade dejadez, tristeza y desolación.

Es absolutamente cruel lo que nos pasa con nuestros amados padres o abuelos. Protejámoslos, amémoslos aunque sea en la distancia, hablémosles, transmitámosles toda la vidilla que podamos hasta conseguir volver a cogerles a mano para decirles, cada uno a su manera, te quiero, te quiero mucho, te quiero mil, te quiero todo.

Sara, Ana

Dos mujerazas. Ana  Kiro, la fuerza rural de nuestra gente, un símbolo para un país que por debajo de las gélidas formas de la dictadura fue recuperando su orgullo comido por la guerra y el fascismo. Ese Arrastráchelo cú polas pallas maquillada como Leontyne Price cantando a Verdi, con la mirada clavada en el horizonte. Disfruten de nuestra diva, y con la misma nostalgia de esta manchega que representó el glamour en una época de plomo. Mil recuerdos de mi abuela cantando los temas de “Él Último Cuplé”, el superdisco de los años 50 con el que Saritísima llenó de morbo y alegría decadente aquella época gris. Ven y ven y ven, qué hermosura de canciones tan de cabaré con boa, boquilla larga, guantes hasta el codo, mucho brilli brilli y párpados caídos.

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 7 DE ABRIL DE 2020, VIGÉSIMO TERCER DÍA DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

De nuevo habló el presidente. De nuevo una prórroga, esta vez poética: el 25 de abril es una fecha redonda, demasiado linda, demasiado Grándola para ser definitiva, pero al menos la marcamos de nuevo en el calendario con permiso de José Afonso, vislumbrando ese trago de libertad tan deseado.

Un presidente que habla sereno y emocionado, que aporta la sensatez que el país necesita, que se toma su tiempo para sus exposiciones, para sus respuestas. Sánchez sabe de sobra que podía decir lo mismo en un telegrama, pero también sabe que esas peroratas nos ayudan a equilibrar la rabia, a manejar el miedo, a digerir la tragedia. Una vez más desplegó toda su capacidad teatral para mantener firme a vela del barco con aparente humildad, firme determinación y una gota de épica nacionalista, justo lo que se espera de un gobernante.

Una generosa cascada de homenajes, de agradecimientos, de pésames, de reconocimientos. Todo eso que cada uno de nosotros expresa religiosamente cada día a las 8, en una breve liturgia en la que mezclamos la furia por la negrura que tenemos delante, con el orgullo por pertenecer la esa parte cívica del mundo que “no deja atrás a nadie”, como siempre repite el Presidente. Un antídoto contra el revuelo de la derecha, contra los  fakes del  neofascismo. Cada uno a su guerra. La nuestra es contra el covid, no contra los fantasmas.

Y esa espiritual alusión a los Pactos de la Moncloa a instancias de un periodista. En el 77 había que vencer la terrible sombra del franquismo, que era un megavirus bien visible, y allí no estaba el doctor Simón dando consejos amables con voz guardentosa, luchando generoso contra los molinos del ingenioso hidalgo. Había una clase empresarial que vivía inquieta por los cambios de aquel tiempo, y ese pacto fue capaz relajarla, de amarillear un poco a los sindicatos, de acabar de cumplir el sueño de los tecnócratas del Opus y enganchar definitivamente el reino a las economías liberales que poco después acabarían en la CEE y la OTAN. 

La élite económica se relajó y adoptó nuevas formas de relacionarse con el poder —vean La caza, de Saura—, los franquistas se convirtieron en conservadores, los socialistas de entonces renegaron de la izquierda, los comunistas olvidaron el Viva Rusia, la derecha vasca y catalana se puso a colaborar y la izquierda nacionalista mantenía pulsos que no lograban convertir en batallas. Y las estrategias terroristas vivas por ambos los extremos, seguían cobrando víctimas.

Hoy mucho cambió. No hay más que ver a Felipe González despreciando desde la cubierta de un yate a Pedro Sánchez. La economía industrial está destrozada. Acabaron con la banca y otras empresas públicas. Los brokers dominan el mundo. La manufactura se fue a Asia para ahorrar salarios. La especulación está interiorizada, es lo normal. Los lobbies de entonces eran de juguete comparados con los de hoy. La libertad de comercio es un animal desbocado que destroza las economías de proximidad.

En lo político, la derecha ofrece la versión más ultra y la menos ultra, ambas tocadas por su relación con dictadura y corrupción. El PSOE, con sus pactos tanto con los neocomunistas cómo con los nacionalistas, parece que quiere entender que España puede ser otra cosa, aunque no acaba de decidirse. Las naciones periféricas piden la palabra, sin ellas nada puede funcionar. Todo parece indicar que más que Pactos de la Moncloa con neofascistas y ultraliberales, necesitamos un tratamiento de inteligencia emocional para reinventar todo esto mirándonos con empatía regeneradora, con menos inercias épicas y más cariño mutuo. Solo así podremos cruzar el Manzanares.

Aute

Escuchen Al Alba, claro que sí. Escúchenla mucho y vibren con ese grito maravilloso de aquellos años en los que por fin nos íbamos sacudiendo los ojos de la pólvora del 36. Pero vayan más allá y profundicen en su obra, en su poesía  delicadísima, dulce, íntima, llena de amor y belleza.

 

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA O 5 DE ABRIL DE 2020, VIXÉSIMO SEGUNDO DÍA DE CONFINAMENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Animados como estamos por el jolgorio montado por la ministra de Trabajo en su rueda de prensa, y recordando levemente lo que era un sábado antes del encierro, centrémonos en un asunto relajado y divertido, especialmente para quien lo vive en primera persona. Uno de mis mejores amigos luce un interesante apodo: metrofucker. Antes de ser una pareja estable, con su actual compañera solían utilizar su espectacular BMW para tener sexo en lugares estupendos. Nacía así su googlesex, un preciado mapa. Al llegar a Pontevedra y ver Metrominuto, mi querido y admirado fucker se quedó con ese sambenito que nos proporciona risas y chascarrillos geográficos.

Quien más, quien menos, durante el encierro añora el sexo outdoor, al menos en dos direcciones: el que se practica fuera de casa —en un motel, hotel o domicilio del o los colegas de cama—, y el que se practica en el espacio público, ya saben, sin molestar a nadie bien por la hora que es, bien porque el paraje permita alegrías íntimas y memorables, momentos de esos que al pie de la tumba nos recordarán que todo esto ha valido la pena.

Pregunté estos días en una red social por lugares donde los amigos suelen perderse para darse una alegría al cuerpo en mitad del paisaje. Algunos hicieron confesiones públicas, pero la mayoría recurrió al mensaje privado. Dejemos a un lado los clásicos lugares de cruising gay de los entornos urbanos y las playas de ambiente, donde no tiene misterio alguno follar a la luz del sol o de la luna.

La naturaleza nos ha regalado un territorio lleno de posibilidades para esta saludable costumbre vital. Alguien me comentaba que uno de sus escenarios más apetecidos era citarse con algún amante de Ourense o Carballiño en la 541. La cosa consiste en salir ambos de sus respectivas casas y parar donde se encuentren en dicha ruta, llena de posibilidades especialmente subiendo y bajando O Paraño, entre Soutelo y Boborás, evitando lógicamente esos muestrarios de arquitectura galego-mexica del itinerario. Paisaje solemne y solitario para el sexo soleado, con poco eucalipto y espléndidas corredoiras desiertas que encienden el hambre del deseo.

El complejo natural de A Barosa, la zona de Castiñeiras y Cotorredondo, las preciosas playas de Marín en temporada baja, el mirador de San Brais, un clásico. Alguien incluso ya inauguró el tramo de autopista de Tomeza con un buen polvo entre escavadoras, el monte de Campañó con magníficas vistas de Pontevedra, las subidas a A Escusa desde varios lugares, incluido el bosque de sequoyas o alguno de los múltiples cortafuegos que permiten disfrutar al sol con magníficas vistas sobre Tambo. O la enorme carballeira de Xesta, en A Lama o el parque eólico do Candán, yendo a Lalín, precioso para la hora del amanecer. Otro clásico es Domaio o cualquiera de los recovecos a los que podemos acceder desde la PO313, que une Marín con Moaña, también muy útil para las citas a medio camino.

Y los clásicos miradores de Cabo Home y Cabo Udra, a los cuales se añade el de Ermelo, en Bueu, y las fondosas vías que unen ese lugar con el lago Castiñeira, que además es una espléndida ruta arqueológica. Acudan a los montes de Noalla, además de los que se encuentran entre Sanxenxo y Meaño, las playas de San Vicente y el fantástico Siradela, ideales para apoyar el sexo en enormes rocas de granito milenario. Pontevedra ofrece fascinantes escenarios para desbordar nuestro amor a tiro de piedra. Bendecidos por esa suerte, seguiremos inventando metrominutos, digo metrofuckers, cuando acabe este estúpido retiro.

Querelle

Sigamos con este saludable tono morboso. Puede que ninguna peli haya alcanzado mayor unanimidad que esta obra maestra de Fasbinder de 1982 basada en la novela Querrelle de Brest, de Jean Genet (1947), un film de atmósfera teatral y miradas llenas de deseo. No serán seres de este mundo si no han visto esta exquisitez.

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 4 DE ABRIL DE 2020, VIGÉSIMO PRIMER D͍A DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Sabido, legal y unánime es que la libertad de expresión es una importante conquista social, si bien habría mucho que hablar sobre su realización en esta sociedad tan mediatizada por el dinero, el consumo y el poder económico. Ya que ninguna obra humana es perfecta, y la democracia tampoco lo es, nos movemos felices en esta especie de frivolidad de “lo nuestro es democracia, lo de los demás no”. Pero salva sea esa parte del guión, la libertad de expresar ideas e informaciones resulta mucho más que una costumbre social, mediática y cultural.

Cuales son los límites. Más allá de los manuales morales y pseudojurídicos del periodismo, a los que no se les hace demasiado caso, circula por las redes uno de esos pics de bolsillo que resume una cuestión compleja. “Consejos prácticos para la libertad de expresión; los tres filtros de Sócrates: La verdad (que sea cierto lo que dices), la bondad (que sea bueno lo que vas a decir) o la utilidad (que tu mensaje sea útil)”. Los tres conceptos, verdad, bondad y utilidad, darían para un análisis a su vez muy profundo, pero vamos a simplificarlo.

El primero, la verdad, se basa en una cuestión selectiva: tú sólo conoces una pequeña parte de la misma, que es la que expresas. Sobre la bondad nos preguntaremos ¿lo que es bueno para ti, también lo es, por ejemplo, para quien quiere llenar sus bolsillos con tu decisión de compra, con argumentos peregrinos? Un follón, ¿no?. Y sobre la utilidad, ¿qué conseguiremos con nuestro mensaje?

Vaya por delante no sólo el respeto, sino la absoluta admiración a todo el personal sanitario que se está dejando su piel, su buen hacer, su abnegación, en algunos casos su martirio, a veces su impotencia ante el virus, y también sus frustraciones al certificar cada maldito fallecimiento. Pero dicho esto, analicemos las constantes denuncias de falta de material y caos hospitalario que inundan las televisiones y dan pábulo a interesados contertulios y a políticos sin escrúpulos a echar sal en las heridas más profundas que nunca hemos imaginado padecer.

Esos denunciantes sin duda dicen la verdad, al menos su verdad personal o profesional. Sin duda procuran la bondad: que con la denuncia, sus responsables jerárquicos les provean del material que necesitan. Y sin duda les resulta útil, porque así sus jefes se sentirán presionados y ante la vergüenza social serán más audaces en las soluciones… ¿Realmente sólo se llega a ese nivel de comprensión?

Pero la verdad, cuando se transmite por televisión no es tan fácil como encontrar un tipo que diga lo que el periodista quiere escuchar para crear esa falsa sensación de realidad, porque la anécdota nunca fue información hasta que el espectáculo penetró en los informativos. Sobre la bondad, habría que preguntarse por la angustia que esos mensajes crean en las poblaciones de riesgo, por ejemplo, entre tantos ancianos que ven por la tv cómo serán pasto del incendio si tienen la desgracia de caer. Y sobre la utilidad… ¿Realmente alguien cree que los directores de los hospitales, los profesionales de la sanidad, los responsables públicos, necesitan vociferios televisivos para ofrecer lo mejor de si mismos? Las denuncias en el ojo del huracán son como la gasolina que echamos al fuego: ni solución verdadera, ni bondad pública ni utilidad social.

Lágrimas negras

Pero salgamos del hospital, asomémonos a cualquier agujero para respirar felices e imaginemos el fin del cautiverio seguros de que ya falta un día menos. Y hagámoslo sin perder el placer de la nostalgia, manteniendo una preciosa serenidad. La misma que El Cigala y Bebo Valdés mezclan en Lágrimas Negras, un puñado de canciones divinas, puro minimalismo latino. Suave jazz, bolero y atmósfera flamenca, pura seda para ir recuperando el horizonte.

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 3 DE ABRIL DE 2020, VIGÉSIMO D͍A DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Pan para todos. Eso es lo que pretende decir el gobierno redistribuidor. Pero mucho apelar a la Europa del maná y poco relato del reequilibrio. En dos palabras: si necesitamos más dinero, este ha de venir del exterior o del interior. Con Europa enseñando sus dientes de de piraña (el adn es el que es), tendremos que usar la fiscalidad interna como fórmula para equilibrar el bienestar material. Por no hablar de la fiscalidad posible en una Galicia un poco más dueña de sí misma.

Sabido es que los informativos y las teles renunciaron hace tiempo a llamar las cosas por su nombre, especializando la información económica hacia unos lenguajes imposibles de seguir por el gran público. Información bursátil que no interesa más que a una pequeña parte de la población, conceptos burocráticos que nadie se molesta en traducir al lenguaje de la calle, verdades selectivas que no relacionan unas informaciones con otras y se quedan en mera propaganda, información sesgada de corporaciones que nos bombardean con sus bondades para ganar enteros para sus accionistas… y todo para elevar el dinero a la categoría de deidad y al capitalismo a la religión de nuestro tiempo. Y casi todos colaborando haciéndonos creer que la política está por encima del dinero, cuando son el capital y los mercados quienes dominan el mundo.

Ahora que se les paró el carrusel consumista global, ahora que ven cómo los respiradores que antes costaban 20.000 en plena crisis cuestan 200.000 —algo totalmente normal, Adansmith—. Ahora que al parecer tenemos un gobierno social-comunista, pocas referencias se ven a quién debe pagar los efectos de la crisis para que el pan llegue a todos y, en palabras del presidente, “nadie se quede por el camino”.

Mientras las grandes corporaciones se ponen dulcemente trágicas en vomitivas campañas televisivas que anuncian su “solidaridad” con los confinados entre informativos de ataúdes. Mientras se afanan en publicitar sus donaciones sanitarias con argumentos de dudosa verificabilidad, expresando la tradicional lógica del hipócrita relato publicitario, nadie pone el dedo sobre la llaga: Amigos, amigas, tendréis que pagar más al fisco.

Si queréis seguir vendiéndonos teléfonos, viajes, megas, energía eléctrica, créditos de consumo, coches, chalets, ropita, yogures de mil sabores, comida procesada, estancias de hotel, apps o seguros médicos, tendréis que contribuir más. Nuestro gran valor colectivo es nuestra capacidad de consumo, y nuestro gran valor institucional es el estado, el poder público.

Por tanto, tendremos que conseguir desde el estado que los grandes beneficiarios de nuestra capacidad de compra, apoquinen parte de sus ganancias. Y ya que hablamos de una renta mínima universal, podemos empezar a sondear el concepto de un “beneficio máximo personal” por cada unidad de individuos que formen parte de un consejo de administración. ¿Utopía? quizá. Pero más utópico era este reino de muerte y represión vital que hoy padecemos, y aquí está.

Colors Magazine

Para dejar un poco tranquila a Inditex, vamos a recurrir al trinomio comerciante italiano – mano de obra asiática – cultura USA e inventarnos una ensalada con estos ingredientes. Lo primero, Luciano Benetton que en los 90 confió al fotógrafo Oliverio Toscani la comunicación de la compañía, logrando clamorosos éxitos con trasfondo de denuncia social. Al tiempo, un laboratorio de comunicación, denominado Fábrica, se puso con la edición de una singular revista que repasaba el mundo con pequeños textos informativos bilingües. Un riquísimo caledoscopio universal al margen de los tópicos del cine, la música, los viajes turísticos o las modas. Conocer el mundo a través los 90 números de Colors editados entre 1991 y 2014 fue revelador, enciclopédico y realmente cosmopolita. Como cosmopolita es la elegante ironía que Carosone expresó en la archifamosa Americano, de 1956, con cientos de versiones actuales. Disfrútenla.

 

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 2 DE ABRIL DE 2020, DÉCIMO NOVENO D͍A DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

Viajamos hoy al Mar del Plata. De ambos lados de ese enorme estuario proceden dos personas bien distintas. Cada uno a su manera comparten la austeridad franciscana. Bergoglio, que por razones laborales tuvo que trasladarse de Buenos Aires a Roma, eligió el nombre de Francisco para su nuevo destino como directivo de una enorme multinacional. Pepe, que fue presidente de una pequeña república, se siente feliz porque, pese a haber enterrado hace pocos días a su perro de 23 años bajo una enorme sequoya, tiene diez o doce nuevos patitos de los que cuida feliz en su jubilación campestre cerca de Montevideo. Los dos han sido entrevistados por Jordi Évole estos días en La Sexta.

Escuchamos a todo un Papa de Roma quejarse de la hipócrita inconsciencia de la sociedad, algo bastante común en los dirigentes católicos, que suelen quedarse en ese tipo de manifiestos generalistas a los que cada uno puede darle el valor que desee. También dijo que los empresarios puede que algo vayan a perder, pero que tenemos que ponernos de parte de los empleados, de los amenazados… esos seguro que van a perder, y eso es de lo que nos tenemos que ocupar.

Hubo una pregunta clave del mago Évole. ¿Es usted optimista? “No me gusta la palabra optimista, me parece un maquillaje. Me gusta más la palabra esperanza. Tengo esperanza en la humanidad, en los hombres y las mujeres, en los pueblos. Tengo fe en que de esta vamos a salir mejores”. Algo pasa, que no añadió “con la ayuda de Dios”… claro que eso es consustancial a su verbo, a su indumentaria, a su iconografía llena de centenarios símbolos divinos. Pero no habló de Dios hasta que el regate del periodista medio le obligó: ¿Tiene, ha tenido, crisis de fé? “Ahora no tengo, pero sí tuve, claro que dudé”. “Yo rezo por vos —se despidió Francisco—, y vos seguid enviando buena onda”. Un Papa extraño que reza como por inercia, pero que tiene esperanza en la humanidad.

La entrevista con Pepe Múgica fue más contundente, más lapidaria. En un escenario de galpón, espartano, representa el padre, el abuelo, la experimentada luz que todos necesitamos en este planeta miserable. “Estamos siendo impotentes para que la política sujete al mercado… el dios mercado es la religión fanática de esta época. Él lo gobierna todo, pero tenemos que luchar por que el mercado tenga una sujeción al interés humano y global de la especie. El virus está demostrando que somos capaces de tomar medidas heróicas: podemos hacer cosas; no se trata de eliminar el mercado, pero sí sujetarlo a ciertos parámetros”. Y aun más: “¡Cómo no voy a tener perro, si cada vez conozco mejor a los humanos!”, sentenció poco después de reconocer que un pesimista es un optimista informado.

Dos líderes espirituales, dos ancianos venerables. Uno más tibio y tradicional, tratando de conservar a su público menguante, símbolo de los restos de una época pasada. Otro más atrevido, más dialéctico, más valiente, un icono necesario para un futuro deseable. Ojalá todos los dirigentes del mundo, los más liberales y los menos liberales, los decadentes y los avanzados, fuesen a recargar sus pilas la esas dos enormes centrales térmicas, porque así, sí, todo esto podría ser distinto.

Notas australes

Ahí van tres preciosas recomendaciones. Busquen la fuerza generosa, la voz irreductible de un cantante enorme. Busquen a Rafael Amor, compromiso social y liberación: “No te entregues, corazón libre, no te entregues”, o la magnífica versión del “No me llames extranjero” de Alberto Cortez. De otro natural, pero también magnífico, Argentino Luna, canción popular argentina que, quizá apocada por la enorme influencia del tango, nunca disfrutó por aquí de mucha popularidad. Puede ser el momento de recuperarla. Y hablando de tango, démosle la vuelta a la palabra. Vayamos a París para conectarnos con —tango del revés— Gotan Project, una banda de tango electrónico que proponen una estupenda revisión contemporánea que me descubrió para siempre jamás un queridísimo compañero de trabajo, ávido lector del Diario.

 

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 1 DE ABRIL DE 2020, DÉCIMO OCTAVO D͍A DE CONFINAMIENTO

A N T Ó N   P R I E T O

La gripe del doctor Simón debe ser la fiebre más sentida por millones de personas. De entrada quien más debe sentirla es el gobierno, que trata de mantener firme a nave en medio de la más dura de las tempestades, de la tormenta perfecta. 

Simón encarnó desde el inicio la voz de los datos de la pandemia. Estuvo al frente de la tercera línea del ataque informativo de Moncloa, por detrás del presidente y los ministros, que ocuparon las dos primeras. Pero al contrario de los discursos emocionales del Presidente y los de corte más racional de algunos ministros, el médico adoptó desde el primer día el papel de la objetividad, la ciencia y el rigor, una pata fundamental en el ecosistema hispano de cohesión y defensa común ante la infección. 

Puede que en algún momento le viésemos superado por los acontecimientos, pero aún en los más críticos comprobamos como la paciencia, la mesura y el manejo de las situaciones  aportaban toneladas de confianza catódica a una ciudadanía que ve diariamente como crecen las cifras de la infección y la muerte.

Un portavoz que cumplía con buenísima nota la difícil misión de ir contrapesando los cientos de contenidos informativos que hablaban de caos en los hospitales, de denuncias sobre la escasez de material, de ataques políticos de algunos líderes de la derecha cavernícola, de las futuras cifras que moldean cada día a famosa curva a la que no se le encuentra fin.

Simón acompaña su mirada limpia y curtida en mil batallas con una estética que lo diferencia claramente del aspecto uniformado, plástico e impersonal de los representantes políticos y sobre todo de los militares que comparecen cada día para realizar sus a veces anecdóticas aportaciones. Él se dejó caer en el  plató  gubernamental con su fisonomía cotidiana y doméstica de quien está más cerca de Einstein que de un burócrata occidental. Lo echaremos de menos y esperamos que reaparezca pronto, como ese personaje imprescindible de una peli que nos engancha al principio y no vuelve a aparecer hasta casi el final.

Tanto él como su sustituta, María José Sierra, son la voz del grupo de científicos que asesora a Moncloa. Conviene recordar, sin embargo, que quien gobierna son los ministros, ministras y sobre todo el presidente. Estos, por mucho que se apoyen en el comité científico, deciden sobre el ritmo del confinamiento y las cuestiones territoriales. Sea cómo fuese, cada uno puede sentirse como quiera. Cada enfermera, cada médico que lo desee, puede denunciar cosas ante las cámaras creando inquietud entre la gente. Como cada hooligan puede vomitar en twitter toda su  bilis de veneno. O cada partido de la derecha puede llenar las redes de mensajes inflados por sus sistemas de expandir la mierda. 

Pero muchos otros seguiremos viendo en la mirada persuasiva de Simón —también en los datos de Sierra, y en las emotivas confesiones de Sánchez— la seguridad de que si nos equivocamos estamos fallando todos, porque con ellos compartimos miedos e incertidumbres. Y de que cuando salgamos de esta vamos a saber muchas más cosas sobre cómo encarar la siguiente.

Chariño

Dediquemos para la pronta recuperación del doctor Simón unos versos de Paio Gómez Chariño, nacido en la Pontevedra de 1225. “As frores do meu amigo / briosas van no navío / E vanse as frores / daquí ben con meus amores / Idas son as frores / daquí ben con meus amores”. Una oportunidad de leer algo antiguo y estupendo. Y si no quieren, conéctense a la obra de Amancio Prada, pero no a las archifamosas obras sobre Rosalía o San Juan de la Cruz, también sublimes. No. Busquen Leliadoura, una maravillosa manera de disfrutar de la poesía medieval.

 

PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA EL 31 DE MARZO DE 2020, DÉCIMO SÉPTIMO DÍA DE CONFINAMIENTO